La teoría de la comunicación de Berlo

Los seis elementos básicos de la comunicación: fuente, codificador, mensaje, canal, decodificador y receptor.

 

La teoría de la comunicación refleja un concepto de proceso. Un teórico de la comunicación rechaza la posibilidad de que la naturaleza esté constituida por acontecimientos o componentes que puedan ser separados de otro hecho o componente.
Sostiene que no es posible hablar del principio ni del fin de la comunicación, o decir que una idea determinada proviene de una fuente específica; que la comunicación se produce de una sola manera (Berlo, 1988).
Para Berlo (1988), en su obra El proceso de la comunicación: introducción a la teoría y a la práctica, la base que constituye el concepto de proceso es la idea que la estructura de la realidad física no puede ser descubierta por el hombre, que debe ser creada por este.
Al construir la realidad el teórico elige la forma en que habrá que organizar sus percepciones; es libre de decir que se puede llamar elementos o ingredientes a ciertas cosas. Al hacer esto comprende que no ha descubierto nada, sino que ha creado un conjunto de herramientas que pueden resultar útiles o no para analizar o describir el mundo.
Asimismo, expone que si se tiene claro el concepto de proceso, se puede sacar provecho de un análisis de los componentes de la comunicación, elementos que parecen necesarios (si no suficientes) para que esta se produzca. Se debe prestar atención a elementos como: ¿quién, por qué y con quién se está comunicando?
Por ello, hay que considerar las distintas formas de conducta en la comunicación: los mensajes que se producen y qué es lo que la gente está tratando de comunicar. Deben también examinarse los canales que se utilizan para hacer llegar el mensaje al auditorio.
Berlo también propuso un modelo que enfatiza cómo los atributos de los cuatro elementos principales (fuente, mensaje, canal y receptor) afectan a la comunicación. Define la fuente como la creadora del mensaje (grupo o persona con una razón para emplear la comunicación).
Este mensaje es la traducción de ideas en un código simbólico (el lenguaje o los gestos); el canal es el medio por el cual el mensaje es transmitido; y el receptor es la persona (o grupo) que es el objetivo de la comunicación (Berlo, 1988).
Por lo tanto, este modelo especifica la necesidad de decodificadores y codificadores en el proceso comunicativo. El codificador es responsable de expresar el propósito principal en forma de mensaje. En situaciones cara a cara, la función del codificador es realizada por los mecanismos vocales, sistemas musculares y otros artefactos como la apariencia, vestimenta y ambiente que produce.
También describe algunos factores personales que podrían afectar el proceso comunicativo como las habilidades comunicadoras, actitudes, conocimiento, sistemas sociales y ambiente cultural, tanto de la fuente como del receptor.
A la vez que se preocupa por la transmisión de una fuente al receptor. Las posibilidades de retroalimentación son mínimas, y el comportamiento simultáneo de las personas como fuentes y receptores no es cubierto adecuadamente.
Falla al no considerar la naturaleza dinámica de la comunicación. Este modelo también tiene una utilidad limitada cuando se trata de confrontar a la comunicación en diferentes contextos.
Cabe mencionar que intercala un proceso de codificación y decodificación en el espacio comprendido entre la emisión y la recepción del mensaje, es decir, el codificador es el que toma las ideas de una fuente y las elabora y ordena en un código determinado, bajo la forma de un mensaje.
Asimismo, expone en su modelo el proceso de comunicación, en primer lugar, el código puede consistir en un mensaje escrito en determinado idioma o clave, en imágenes, gestos o palabras y aun en determinado canal, que puede o no requerir de ser decodificado por parte del receptor.
Por mensaje se entiende la unidad, idea o concepto, que lleva en sí mismo una dosis de información útil como enlace o unión entre el emisor y el receptor, en el supuesto de que ambos posean el código que permita la decodificación. Asimismo, enumera otros tres factores que destacan en el mensaje: el código, el contenido y el tratamiento (Berlo, 1988).
De acuerdo con este autor, el código es el modo, la forma en que se estructuran en él los símbolos o mensajes, que quedan traducidos o convertidos en un lenguaje comprensible para el receptor o el canal que lo decodificará y pondrá en otro o en el mismo código.
El contenido se relacionará directamente con la selección de todo el material que sea de utilidad para poder expresar un propósito o mensaje. Por tratamiento se entiende el modo en que el mensaje se presenta, la frecuencia con que se emite, el énfasis que se le da y su intención.
El complemento de todo acto de comunicación, y además su razón de ser, es el receptor. De hecho, la mayoría de los mensajes son concebidos y emitidos de acuerdo con la imagen o concepto que se tiene del receptor. Este, a su vez recibe mensajes de acuerdo con la imagen o concepto que tiene el emisor o que se forma a partir del mensaje mismo.
A la vez que explica que el receptor decodifica el mensaje, sus actitudes y su nivel académico y social influirán en la interpretación que dé a estos: el emisor y el receptor son los elementos más importantes en el acto de comunicación.
Por lo tanto, al existir un propósito para la comunicación y una respuesta por producirse, el comunicador desea que su comunicación tenga alta fidelidad. La palabra fidelidad es empleada aquí en el sentido de que el comunicador ha de lograr lo que desea. Un codificador de alta fidelidad es aquel que expresa en forma perfecta el significado de la fuente.
Un decodificador de códigos de alta fidelidad es aquel que interpreta el mensaje con una precisión absoluta. Al analizar la comunicación interesa determinar lo que aumenta o reduce la fidelidad del proceso.

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