Surgimiento de las Relaciones Públicas

Las relaciones públicas son un fenómeno típico del siglo XX cuyas raíces se pueden rastrear a lo largo de la historia, son tan antiguas como la propia comunicación humana.

Para los seguidores de las relaciones públicas, éstas aparecen desde el esfuerzo de los hijos de Adán y Eva por mantenerse unidos, desde que el hombre del paleolítico buscaba la cohesión interna de su tribu o desde que el hombre del neolítico comerciaba un trozo de piel por una buena hacha de piedra. Esto es, las relaciones públicas surgen con el hombre en comunidad.
Contrarios a estos puntos de vista son los de otros teóricos que se oponen a juzgar y calificar hechos del pasado histórico con criterios del tiempo presente, lo cual impide la comprensión del verdadero sentido, de la interpretación objetiva de un suceso histórico.
De tales hechos históricos resultaron uno o varios aspectos de difusión, de propaganda, de comunicación entre hombres y grupos, de orientación ideológica y política e incluso de opinión.

Surgimiento de las Relaciones Públicas

Las relaciones públicas surgieron como una necesidad de la sociedad en los tiempos modernos. Su ejercicio nació rudimentariamente en la Antigüedad, pero como se ve al estudiarla a fondo, su desarrollo es a principios de este siglo, cuando recién se puede hablar de una verdadera disciplina, avanzando con fuerza sobre el mundo de los negocios y el gobierno (Avilia, 2010).
La evolución del concepto de relaciones públicas está vinculado estrechamente con el desarrollo de la profesión, por ello es necesario revisar algunos aspectos históricos con la finalidad de comprender cómo llegaron las relaciones públicas a la organización y se vincularon como una función de apoyo a los altos niveles de dirección.
Entre los tratadistas que han intentado elaborar una historia de las relaciones públicas es posible encontrar dos tendencias antagónicas: una concibe a esta moderna profesión como resultado de todas las manifestaciones informales de la misma a lo largo de la historia; la otra asegura que la historia de las relaciones públicas comienza cuando estas se ejercieron por primera vez de manera formal (Bonilla, 1998).
La primera tendencia se basa en que la historia no da saltos, todo tiene un antecedente y un consecuente que enmarca a las relaciones públicas como fenómeno social, y afirma que en todo tiempo y en todo lugar se han dado manifestaciones de esta actividad. Señala esta tendencia que el nombre nace con impulsos y objetivos de dependencia y asociación en grupos más o menos formales y amplios.
Los esfuerzos del hombre por comunicarse con sus semejantes se remonta a sus orígenes y tanto el control de las actividades humanas, como la influencia en la opinión pública, son fenómenos universales en el tiempo y en el espacio.
A este respecto, Luis Tercero Gallardo (citado por Bonilla, 1998), afirma: “con la terminología de nuestro tiempo, todavía sin la clarificación y generalización suficiente, le atribuimos a algunos hechos históricos verdaderos intentos de proyección de imagen y de sensibilización de grupos; pero ninguno de ellos, podríamos afirmar, por muy amplias y organizadas que tales acciones hayan sido, que contaron con el conjunto básico de elementos, mediana o buenamente articulados, que revelen la acción consciente, intencionada, plenamente deliberada, que caracteriza a las acciones y desarrollo de las relaciones públicas”.

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