El empleo de símbolos como un referente de la cultura organizacional

Un símbolo tiene que ser único, memorable, ampliamente reconocido y adecuado. Las organizaciones emplean mucho tiempo y energías buscando símbolos exclusivos que reflejen la esencia de lo que son o de lo que quieren ser.

Rebeil (2006) considera que hay organizaciones que conocen muy bien el poder de los símbolos y llevan a cabo estrategias de comunicación tendientes a aprovecharlos.
Algunos de ellos son tan conocidos y evidentes como el logotipo, otros tan sutiles como la forma de saludarse, conducirse en las juntas o la forma de tratar a los clientes, es decir, poco a poco van creando toda una red simbólica que juega un doble papel y manifiesta a la cultura que a la vez la refuerza.
Por ende, los especialistas en esta materia distinguen tres grandes categorías de elementos simbólicos que se pueden observar en las empresas de cultura fuerte, porque estas cuidan de alinearlos a la forma como se perciben a sí mismas y quieren ser percibidas por su público; siendo estos:
Con la información descrita en el cuadro anterior, se expone una de las múltiples maneras en que la que una organización, que busca ser congruente con su cultura, envía hacia dentro y hacia fuera un mensaje: “Así somos y todo es consistente con nuestra forma de ser”, en ello radica la fortaleza de la cultura (Rebeil, 2006).
Por lo tanto, para desarrollar una cultura fuerte en las organizaciones deben aprender a manejar con eficiencia y creatividad sus recursos simbólicos para que se integren armónicamente para darle consistencia; esto implica identificar los mensajes claves a través de los que se buscará crear una imagen homogénea de la empresa entre sus colaboradores, bajo la premisa que la cultura consiste en una serie de significados compartidos.

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